Ir a Primark es igual a volverse loca, y no solo en el sentido de querer comprarlo todo sino en el sentido de estresarme y querer salir de allí.
Llevábamos muchas años pidiendo un Primark en Mallorca y desde que lo abrieron los mallorquines nos hemos transformados y hemos dejado de lado lo de la isla de la calma. Ir allí ahora es toda una aventura, una gymkana y no demasiada divertida. Yo suelo estresarme y suelo sarlirme de la tienda sin nada ya que intento mirar ropa y me agobio con tante gente. Debido a eso normalmente voy a piñon fijo, zona maquillaje y complementos. La última vez que fui acabé comprando todo esto...
Cajita de organización con dos cajones
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